Sonata
La sombra va cediendo ante el dulzor del canto.
Palideces. Yo tiemblo mirándote a las manos.
¿Somos hoy más divinos, o somos más humanos?
Beethoven en el cielo lo sabrá. Hay un encanto
solitario...una voz que en la noche se extiende...
Un hondo mar que sueña y un cielo azul que esplende.
Sembradores de éxtasis, oh dedos femeninos,
que encadenáis las almas con los lazos divinos
y dulces, que se rompen de una palabra al ruido.
A besaros - ¡oh dedos ! - un ángel ha venido.
Tal vez os han rozado sus cabellos de oro.
Silencio... Un loco viento este silencio hiere.
Respetad, oh rumores, oh viento, oh mar sonoro,
esta noche divina, y este canto que muere. ( Emile Despax ) |