No vayas a decirle...
No vayas a decirle ya tu palabra ardiente,
la que se te asomó como un quejido
a los labios febriles; la que puso en tu frente
un rubor blanco de fuego desconocido.
(La palabra de las auroras estrelladas,
la que ibas a decirle siempre con tus miradas,
con tus pálidos dedos, con tu pecho ahuecado,
con tu cara desfallecida,
con tu vida toda para tu vida).
La que callaste tantas noches a su lado,
viéndole como se ve el agua (muy dulcemente
entre las ramas temblorosas cuanto frío! )
Sangre del corazón partido de tu amado,
en tu corazón que ya no ríe ni llora.
No vayas a decirle tu palabra tan ardiente,
no vayas a turbarle, porque ahora
esta El como el Silencio sobre el agua del río
cuando la barca se ha alejado. ( Enrique Loynaz ) |