La esperanza
Yo te bendigo, flor consoladora,
virgen risueña que enajena el alma,
astro del hombre que en silencio llora
y ansioso busca su querida calma:
Yo te bendigo porque aquí en el suelo
eres mi gloria, mi placer, mi cielo.
Cuando en mis horas de dolor profundo
un manantial de llanto yo vertía,
y entorno no miraba de este mundo
más que miseria, corrupción, falsía,
alzaba a ti mis angustiosos ojos
y benigna calmabas mis enojos.
¡Oh, esperanza! Sin ti ¿qué fuera el hombre?
¿Qué el amor, la virtud, el heroísmo?
¿Qué del que sueña en su ilusión un hombre
y en vez de altura encontrará un abismo?
Sin ti la vida es un pesar eterno,
un engaño el placer, el mundo infierno.
La existencia no es más que una esperanza:
Sin esperar la vida se aborrece;
nada sin ella el corazón alcanza
y la ilusión del alma al fin perece.
Tu eres la dulce inspiración del mundo,
y eres del bardo el manantial fecundo. ( José María Alemán ) |