Tres Romances
Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de soñar...
La creímos de alborozo
flores sueltas del gozar.
La creímos de partida
barquito del buen soñar.
La creímos de retorno
con la carga de un cantar.
Era la hora de ambos:
pero no debió soñar...
Era la hora de ambos:
de hallar y de separar...
La creímos de alborozo
fue espina para clavar.
La creímos de partida
fue adioses para llorar.
La creímos de retorno
fue senda sin regresar.
Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de sonar...
Nos parecía la dicha
como si fuera un cristal.
Muro y no muro entre ambos,
viéndonos sin acercar,
se nos rompió, de repente,
quedamos sin separar.
Tu mano supo mi mano,
los labios largo besar.
Yo no quería caricias
lentos dardos de angustiar,
ni me quería por playa
que habíase de anegar.
Antes, que el muro existía,
podíamos acercar,
ahora que el muro no existe,
tuvimos que separar.
Rotos y finos cristales
nos hieren de soledad.
¿A quién pedirle piedades
óleo activo a este dolor?
Padre Nuestro de los Cielos,
costado roto de amor:
anudaste nuestras vidas
con la soga del dolor,
que es tan fuerte amarradora
como el goce del amor.
No te reprocho presencia
larga lanza de dolor,
ni te grito lejanías
para el eco de mi amor.
Me lo pusiste delante
no supe que era el dolor,
lo creí para mi dicha
transida por el amor.
Un encuentro y la partida
por senderos de dolor,
despedazados de ausencia,
hecho congoja el amor.
Hacia el mar su ruta sigue
a cuestas con su dolor,
hacia las altas montañas
esquiva voy con mi amor.
Padre Nuestro de los Cielos,
lacerado en el dolor:
milagro yo Te pidiera
no sé cuál para este amor. ( Marta Brunet ) |