Pórtico
Por las horas sin rumbo de mis veredas, fuiste
llegando con la tarde, quién sabe de qué aleros;
de cuándo fugitiva, de dónde infiel, viniste
con las alas abiertas a todos los senderos.
Por ser de paso, al mío, romántico, te diste
y al anidar tus prófugos arrimos volanteros,
era un amor de anónima, calladamente triste,
cediéndose en la opaca quietud de los oteros.
Salían a la tarde las vueltas del camino:
tal vez por ellas, muda de tus pies al poniente,
la vida era un enorme sosiego del destino.
Vida, inquietud, crepúsculo, sendero, dulcemente,
con músicas de otoño las hojas amarillas,
iban dejando el campo dormido en tus rodillas. ( Guillermo Esteva ) |