 |  # 51: Rima XIV
Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha obscura, orlada en el fuego,
que flota y ciega si se mira al sol.
Adondequiera que la vista fijo,
torno a ver tus pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti; que es tu mirada:
unos ojos, los tuyos, nada más.
De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir;
cuando duermo los siento que se ciernen
de par en par abiertos sobre mí.
Yo sé que hay fuegos faustos que en la noche
llevan al caminante a perecer:
yo me siento arrastrado por mis ojos
pero a donde me arrastran, no lo sé. ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 52: Para la primavera
Guárdame esta canción hasta la primavera ,
no la digas a nadie sino cuando yo muera .
Esta canción transida de hielo sin orillas ,
que canta mansamente mi corazón de tierra .
Guárdame esta canción y cuando tú la digas ,
irás al verde campo una mañana nueva .
Irás donde la tierra es virgen sin heridas ,
donde el agua es más clara , donde es la luz más tierna .
Segarás con tus plantas el más dulce rocío
y mojarás tu boca en la fuente más fresca .
Y bajo el sol distante y el cielo azul de lino ,
en los vedes oídos de la limpia pradera ,
cantarás mi canción a los árboles altos ,
a las aves que llevan la espina de una ausencia ;
a las flores que tiemblan en su luz de corolas ,
a la brisa embriagada de indecibles colmenas ;
a las nubes que pasan con su carga de ensueños ,
y al agua que transita por su cauce de seda .
Y dirás mi canción porque estaré en el alma
de todas estas cosas hasta en las mismas piedras ;
con mis manos de agua y mis labios de brisa
te besaré de nuevo en un lecho de hierba ,
y quizás en las flores holladas por tus plantas
te escuchará en silencio mi corazón de tierra . ( Fernando Arbeláez ) |
|  |  # 53: Rima XII
Porque son niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas;
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva,
y verdes son las pupilas
de las huris del profeta.
El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera;
entre sus siete colores
brillante el Iris lo ostenta.
Las esmeraldas son verdes,
verde el color del que espera,
y las ondas del océano,
y el laurel de los poetas.
Es tu mejilla temprana
rosa de escarcha cubierta
en que el carmín de los pétalos
se ve a través de las perlas
Y, sin embargo,
sé que te quejas,
porque tus ojos
crees que la afean:
pues no lo creas;
que parecen tus pupilas,
húmedas, verdes e inquietas,
tempranas hojas de almendro,
que al soplo del aire tiemblan.
Es tu boca de rubíes
purpúrea granada abierta,
que en el estío convida
a apagar la sed en ella.
Y, sin embargo,
sé que te quejas,
porque tus ojos
crees que la afean:
pues, no lo creas
que parecen, si enojada
tus pupilas centellean,
las olas del mar que rompen
en las cantábricas peñas.
Es tu frente que corona
crespo el oro en ancha trenza,
nevada cumbre en que el día
su postrera luz refleja.
Y, sin embargo,
sé que te quejas,
porque tus ojos
crees que la afean:
pues, no lo creas
Que, entre las rubias pestañas,
junto a las sienes, semejan
broches de esmeralda y oro,
que un blanco armiño sujetan. ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 54: Rima XVI
Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón,
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,
sabe que, oculto entre las verdes hojas,
suspiro yo.
Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz,
sabe que, entre las sombras que te cercan
te llamo yo.
Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón,
al sentir en tus labios un aliento
abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo. ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 55: Rima XV
Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonorode arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú.
Tú, sombra aérea que cuantas veces
voy a tocarte, te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como un gemido
del lago azul.
En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento.
Del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
Eso soy yo.
¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía
los ojos vuelvo de noche y día
yo, que incansable como demente
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión! ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
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