 |  # 86: Dejándonos llevar
Hay que dejarse llevar
por la vida,
no hacerle oposición
a las cuestiones
que se balancean porfiadamente
con los vaivenes
del viento
sobre los heroicos síntomas,
sobrevolando el mar
de par en par extendido
hasta armonizar
todo el clima de este corto domicilio.
Con los pasos distendidos,
acertar la calle
del mediodía más íntimo
e incorporarle
al alma la mejor victoria
que tenemos
para diseminarla como gajos
en cada rincón
visitado en los espacios concedidos,
al distinguir
a esta vieja epopeya
de vivir.
Sofrenar los cáusticos impulsos
sostenidos apenas
por desconocidas sensaciones
que nos rigen
como ley natural incontenible
en múltiples
errores, que no aciertan a encontrar
la claridad
perdida en el instante singular
del primer llanto.
Tenemos el enigma decifrado
si creemos
que todo se desliza por el mundo
con alas
precisas en el destino incierto
pero exacto
sin temores de fondo ennegrecido
dolorosos como olvidos,
y en esa condición de liberados
podremos ser limpios
otra vez cual la hora primordial
en que arribamos. ( Luis Serrano Balbino ) |
|  |  # 87: La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros. ( Paul Claudel ) |
|  |  # 88: Poema de despedida
Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.
Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.
Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti. ( José Angel Buesa ) |
|  |  # 89: El Crepúsculo
[a mi esposo Marcial Arredondo Lillo]
Fuego dormido, pausa del ocaso.
Dorada miel del trabajo vuelo.
Vencida sangre, enternecido celo,
vino de abismo en el profundo vaso.
Sabia desesperanza en el fracaso,
pupila firme en el activo cielo,
frente a la noche, desprendido vuelo
que hacia la muerte nos incita el paso.
Y esperanza también o despedida
que se prende a los soles de la vida
con garras de naufragio y de delirio.
Besas en el crepúsculo la rosa.
Quemas la frente en la ebriedad fogosa,
y alzas en llama el último martirio. ( Matilde Ladrón de Guevara ) |
|  |  # 90: Derecho de Propiedad
¡Nada es tan mío
como lo es el mar
cuando lo miro! ( Elías Nandino ) |
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