 |  # 96: A la gloria del amor
Alto el amor, surgía en mis desvelos
semejante a una cúpula de oro,
desde la cual ante el divino azoro,
dilatábanse al par mares y cielos.
Suprema luz. Apasionados vuelos.
Iris de gloria. Resonante coro
y estío que volcaba su tesoro
de ilesa mies sobre dorados suelos.
Poma en sabor de sus perfectas mieles.
Vida feraz, y en los minutos fieles,
activo corazón vuelto remanso.
Así la gloria del amor fue mía,
mientras sereno el aire diluía
como un polvo de oro, el tiempo manso. ( Germán Pardo García ) |
|  |  # 97: Portada
Eres como la helénica estructura
del Partenón: severa e intocada.
Hay porte señoril en tu figura
y secretos de esfinge en tu mirada.
Así está bien: sé fría y serás pura
como el astro y el lirio y la nevada;
tan serena arrogancia de escultura
y rigidez lumínica de espada.
Pero tendrás que amar, cuando encendida
tu belleza en sazón, abra a la vida
nidos y arroyos y corolas tiernas,
será el amor, rompiendo la clausura,
un incendio de sol, en la blancura
de las nieves inmóviles y eternas! ( Aurelio Martínez Mutis ) |
|  |  # 98: No vayas a decirle...
No vayas a decirle ya tu palabra ardiente,
la que se te asomó como un quejido
a los labios febriles; la que puso en tu frente
un rubor blanco de fuego desconocido.
(La palabra de las auroras estrelladas,
la que ibas a decirle siempre con tus miradas,
con tus pálidos dedos, con tu pecho ahuecado,
con tu cara desfallecida,
con tu vida toda para tu vida).
La que callaste tantas noches a su lado,
viéndole como se ve el agua (muy dulcemente
entre las ramas temblorosas cuanto frío! )
Sangre del corazón partido de tu amado,
en tu corazón que ya no ríe ni llora.
No vayas a decirle tu palabra tan ardiente,
no vayas a turbarle, porque ahora
esta El como el Silencio sobre el agua del río
cuando la barca se ha alejado. ( Enrique Loynaz ) |
|  |  # 99: Ya lo dí todo
Ya lo dí todo. No me queda nada.
lo último que dí fue mi sonrisa
y llevo ahora el alma libertada
de toda angustia, ágil y sumisa.
Ni siquiera una hoja descarnada
puedo ofrecer al labio de la brisa;
ni un aliento a la rosa desmayada,
ni un rumbo a la libélula indecisa.
Todo lo dí. Lo he dado a manos llenas,
sin ansias, sin alarde, ni reclamo.
Dí hasta la sangre de la propia herida.
Y ya que nada tengo, ni aún las penas,
gozo, acaricio, reverencio y amo
como nunca el regalo de la vida. ( Diego Córdoba ) |
|  |  # 100: A Federíco García Lorca
¡Qué muerte enamorada de su muerte!
¡Qué fusilado corazón tan vivo!
¡Qué luna de ceniza tan ardiente
en donde se desploma Federico!
Los menudos rumores de la muerte
alrededor del esqueleto niño
cuando suben y bajan las mareas
en donde se desploma Federico.
¡Qué amor al que cayó por el acero
de un alba de asesinos y de obispos!
¡Qué olor a siempreviva apasionada
en donde se desploma Federico!
¡Qué aire de antigua voz de estatua rota
rodea su sepulcro amanecido
cuando suben y bajan los claveles
en donde se desploma Federico!
Todas las cosas que él amaba crecen
junto a su muerte desbordante río
que corre por la tierra de los hombres
en donde se desploma Federico.
Cigalas a las 7 de la tarde.
Jerez al alba de color subido
cuando suben y bajan las guitarras
en donde se desploma Federico.
Lloronas de pasión y velatorio
rizos de niños mágicos dormidos,
poemas de Darío y de Neruda
en donde se desploma Federico.
Toreros muertos y solteras solas
y puentes y navajas como lirios
cuando suben y bajan las campanas
donde se desploma Federico.
¡Qué muerte enamorada de su muerte!
habitado en violeta y en jacinto,
Santo Sepulcro el que conquistaremos
en donde se desploma Federico. ( Raúl González Tuñón ) |
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