 |  # 106: El loco
Me estaré cien años, me estaré mil años
cantándole a mi corazón;
arrullando en mis brazos fuertes
al niño de mi corazón.
Me estaré cien años, me estaré mil años
auque digan a mi alrededor:
"Mirad el hombre aquel...Ha enloquecido...
Se sueña el padre de su corazón".
"Feliz no fué...no fué valiente...
tampoco ha sido vencedor".
"Y, sin embargo, ¡ cómo ríe
mientras llora su corazón !..." ( Jaime Torres Bodet ) |
|  |  # 107: Deseos
Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color.
Todo lo que yo toque
se llenará de sol,
en las tardes sutiles de otras tierras
pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.
Déjame un sólo instante
dejar de ser grito y color.
Déjame un sólo instante
cambiar de clima el corazón,
beber la penumbra de una casa desierta,
inclinarme en silencio sobre un remoto balcón,
ahondarme en el manto de pliegues finos,
dispersarme en la orilla de una suave devoción,
acariciar dulcemente las cabelleras lacias
y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.
¡Oh, dejar de ser un sólo instante
el Ayudante de Campo del Sol !
Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color. ( Carlos Pellicer ) |
|  |  # 108: Canción del primer amor
¡Ah que gloria! vino de pronto, traviesa,
la fresca chiquilla de la edad jovial:
las mejillas, rosas; la boquita, fresca,
y la muy querida me tocó el cristal.
Yo seguí con ella camino del huerto.
¡Oh, la primavera bajo el huerto en flor!
Yo seguí con ella, soñando despierto...
Y no fue más que esto mi primer amor. ( Arturo Capdevila ) |
|  |  # 109: Tres Romances
Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de soñar...
La creímos de alborozo
flores sueltas del gozar.
La creímos de partida
barquito del buen soñar.
La creímos de retorno
con la carga de un cantar.
Era la hora de ambos:
pero no debió soñar...
Era la hora de ambos:
de hallar y de separar...
La creímos de alborozo
fue espina para clavar.
La creímos de partida
fue adioses para llorar.
La creímos de retorno
fue senda sin regresar.
Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de sonar...
Nos parecía la dicha
como si fuera un cristal.
Muro y no muro entre ambos,
viéndonos sin acercar,
se nos rompió, de repente,
quedamos sin separar.
Tu mano supo mi mano,
los labios largo besar.
Yo no quería caricias
lentos dardos de angustiar,
ni me quería por playa
que habíase de anegar.
Antes, que el muro existía,
podíamos acercar,
ahora que el muro no existe,
tuvimos que separar.
Rotos y finos cristales
nos hieren de soledad.
¿A quién pedirle piedades
óleo activo a este dolor?
Padre Nuestro de los Cielos,
costado roto de amor:
anudaste nuestras vidas
con la soga del dolor,
que es tan fuerte amarradora
como el goce del amor.
No te reprocho presencia
larga lanza de dolor,
ni te grito lejanías
para el eco de mi amor.
Me lo pusiste delante
no supe que era el dolor,
lo creí para mi dicha
transida por el amor.
Un encuentro y la partida
por senderos de dolor,
despedazados de ausencia,
hecho congoja el amor.
Hacia el mar su ruta sigue
a cuestas con su dolor,
hacia las altas montañas
esquiva voy con mi amor.
Padre Nuestro de los Cielos,
lacerado en el dolor:
milagro yo Te pidiera
no sé cuál para este amor. ( Marta Brunet ) |
|  |  # 110: Estar enamorado
Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre de la vida.
Es dar al fin con la palabra que para hacer frente a la muerte se precisa.
Es recobrar la llave oculta que abre la cárcel en que el alma está cautiva.
Es levantarse de la tierra con una fuerza que reclama desde arriba.
Es respirar el ancho viento que por encima de la carne se respira.
Es contemplar desde la cumbre de la persona la razón de las heridas.
Es advertir en unos ojos una mirada verdadera que nos mira.
Es escuchar en una boca la propia voz profundamente repetida.
Es sorprender en unas manos ese calor de la perfecta compañía.
Es sospechar que, para siempre, la soledad de nuestra sombra está vencida.
Estar enamorado amigos, es descubrir dónde se juntan cuerpo y alma.
Es percibir en el desierto la cristalina voz de un río que nos llama.
Es ver el mar desde la torre donde ha quedado prisionera nuestra infancia.
Es apoyar los ojos tristes en un paisaje de cigüeñas y campanas.
Es ocupar un territorio donde conviven los perfumes y las armas.
Es dar la ley a cada rosa y al mismo tiempo recibirla de su espada.
Es confundir el sentimiento con una hoguera que del pecho se levanta.
Es gobernar la luz del fuego y al mismo tiempo ser esclavo de la llama.
Es entender la pensativa conversación del corazón y la distancia.
Es encontrar el derrotero que lleva al reino de la música sin tasa.
Estar enamorado, amigos, es adueñarse de las noches y los días.
Es olvidar entre los dedos emocionados la cabeza distraída.
Es recordar a Garcilaso cuando se siente la canción de una herrería.
Es ir leyendo lo que escriben en el espacio las primeras golondrinas.
Es ver la estrella de la tarde por la ventana de una casa campesina.
Es contemplar un tren que pasa por la montaña con las luces encendidas.
Es comprender perfectamente que no hay fronteras entre el sueño y la vigilia.
Es ignorar en qué consiste la diferencia entre la pena y la alegría.
Es escuchar a medianoche la vagabunda confesión de la llovizna.
Es divisar en las tinieblas del corazón una pequeña lucecita.
Estar enamorado, amigos, es padecer espacio y tiempo con dulzura.
Es despertarse una mañana con el secreto de las flores y las frutas.
Es libertarse de sí mismo y estar unido con las otras criaturas.
Es no saber si son ajenas o son propias las lejanas amarguras.
Es remontar hasta la fuente las aguas turbias del torrente de la angustia.
Es compartir la luz del mundo y al mismo tiempo compartir su noche oscura.
Es asombrarse y alegrarse de que la luna todavía sea luna.
Es comprobar en cuerpo y alma que la tarea de ser hombre es menos dura.
Es empezar a decir siempre, y en adelante no volver a decir nunca.
Y es, además, amigos míos, estar seguro de tener las manos puras ( Francisco Luis Bernárdez ) |
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