 |  # 126: A Federíco García Lorca
¡Qué muerte enamorada de su muerte!
¡Qué fusilado corazón tan vivo!
¡Qué luna de ceniza tan ardiente
en donde se desploma Federico!
Los menudos rumores de la muerte
alrededor del esqueleto niño
cuando suben y bajan las mareas
en donde se desploma Federico.
¡Qué amor al que cayó por el acero
de un alba de asesinos y de obispos!
¡Qué olor a siempreviva apasionada
en donde se desploma Federico!
¡Qué aire de antigua voz de estatua rota
rodea su sepulcro amanecido
cuando suben y bajan los claveles
en donde se desploma Federico!
Todas las cosas que él amaba crecen
junto a su muerte desbordante río
que corre por la tierra de los hombres
en donde se desploma Federico.
Cigalas a las 7 de la tarde.
Jerez al alba de color subido
cuando suben y bajan las guitarras
en donde se desploma Federico.
Lloronas de pasión y velatorio
rizos de niños mágicos dormidos,
poemas de Darío y de Neruda
en donde se desploma Federico.
Toreros muertos y solteras solas
y puentes y navajas como lirios
cuando suben y bajan las campanas
donde se desploma Federico.
¡Qué muerte enamorada de su muerte!
habitado en violeta y en jacinto,
Santo Sepulcro el que conquistaremos
en donde se desploma Federico. ( Raúl González Tuñón ) |
|  |  # 127: Ya lo dí todo
Ya lo dí todo. No me queda nada.
lo último que dí fue mi sonrisa
y llevo ahora el alma libertada
de toda angustia, ágil y sumisa.
Ni siquiera una hoja descarnada
puedo ofrecer al labio de la brisa;
ni un aliento a la rosa desmayada,
ni un rumbo a la libélula indecisa.
Todo lo dí. Lo he dado a manos llenas,
sin ansias, sin alarde, ni reclamo.
Dí hasta la sangre de la propia herida.
Y ya que nada tengo, ni aún las penas,
gozo, acaricio, reverencio y amo
como nunca el regalo de la vida. ( Diego Córdoba ) |
|  |  # 128: No vayas a decirle...
No vayas a decirle ya tu palabra ardiente,
la que se te asomó como un quejido
a los labios febriles; la que puso en tu frente
un rubor blanco de fuego desconocido.
(La palabra de las auroras estrelladas,
la que ibas a decirle siempre con tus miradas,
con tus pálidos dedos, con tu pecho ahuecado,
con tu cara desfallecida,
con tu vida toda para tu vida).
La que callaste tantas noches a su lado,
viéndole como se ve el agua (muy dulcemente
entre las ramas temblorosas cuanto frío! )
Sangre del corazón partido de tu amado,
en tu corazón que ya no ríe ni llora.
No vayas a decirle tu palabra tan ardiente,
no vayas a turbarle, porque ahora
esta El como el Silencio sobre el agua del río
cuando la barca se ha alejado. ( Enrique Loynaz ) |
|  |  # 129: Busca en todas las cosas
Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana
escudriñante el ojo y aguzado el oído.
No seas como el necio que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.
Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje;
ya sabrás poco a poco decifrar su lenguaje...
¡oh, divino coloquio de las cosas y el alma!
Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secretos va contando la brisa?
Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
el acento lejano corresponde otro acento...
¿Sabes tú dónde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?
No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora;
es un alma que canta y es un alma que llora...
¡Y sabrá porqué llora y sabrá porqué canta!...
Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo sabrás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando escuches el alma colosal del paisaje
y lo halles lanzados por el árbol herido... ( Enrique González Martínez ) |
|  |  # 130: Rima XXVII
Despierta, tiemblo al mirarte:
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma,
yo velo cuando tú duermes.
Despierta, ríes y al reír tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.
Dormida, los extremos de tu boca
pliega sonrisa leve,
suave como el rastro luminoso
que deja en sol que muere.
“Duerme!”
Despierta miras y al mirar tus ojos
húmedos resplandecen,
como la onda azul en cuya cresta
chispeando el sol hiere.
Al través de tus párpados, dormida;
tranquilo fulgor vierten
cual derrama de luz templado rayo
lámpara transparente.
“Duerme!”
Despierta hablas, y al hablar vibrantes
tus palabras parecen
lluvia de perlas que en dorada copa
se derrama a torrentes.
Dormida, en el murmullo de tu aliento
acompasado y tenue,
escucho yo un poema que mi alma
enamorada entiende.
“Duerme!”
Sobre el corazón la mano
me he puesto porque no suene
su latido y en la noche
turbe la calma solemne:
De tu balcón las persianas
cerré ya porque no entre
el resplandor enojoso
de la aurora y te despierte.
“Duerme!” ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
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