 |  # 131: Anhelos
Quisiera de los bosques tropicales
ser un árbol de copa florecida,
donde el himno cantaran de la vida
las bandadas de alondras y turpiales.
Un gran árbol de brazos colosales,
de cuyo tronco entre la abierta herida
en rubios oros, lumbre derretida,
se encrespara la miel de los panales.
¡Así quisiera ser, alba paloma;
así pudiera entre esplendor y aroma
de los halcones del Dolor librarte!
¡Así pudiera al estallar el trueno
abrir mi pecho de dulzuras lleno
y entre mi propio corazón guardarte! ( Alfredo Gómez Jaime ) |
|  |  # 132: Portada
Eres como la helénica estructura
del Partenón: severa e intocada.
Hay porte señoril en tu figura
y secretos de esfinge en tu mirada.
Así está bien: sé fría y serás pura
como el astro y el lirio y la nevada;
tan serena arrogancia de escultura
y rigidez lumínica de espada.
Pero tendrás que amar, cuando encendida
tu belleza en sazón, abra a la vida
nidos y arroyos y corolas tiernas,
será el amor, rompiendo la clausura,
un incendio de sol, en la blancura
de las nieves inmóviles y eternas! ( Aurelio Martínez Mutis ) |
|  |  # 133: Yo sé que la vida existe
Yo sé que la vida existe
y que no soy menos mortal que otros,
pero la muerte ha dejado de preocuparme
desde que descubrí la amplitud del mundo
alimentado por el telescopio y el microscopio,
pero más que nada por la piedad a mi mismo
y a mis semejantes, por el amor a los hombres
y a las cosas, que no son sino el reflejo de los
hombres.
A estas alturas se adivina claramente que he
vuelto a descubrir el territorio siempre nuevo
en que el tiempo no es sino una flor por donde
se contempla el mundo.
Y el alma es la luz que entregan las cosas acaso
demasiado fuerte para muchos; un sonido de
laúd que se alarga en el silencio; el silencio
que rodea al Universo. ( Federico Schopf ) |
|  |  # 134: Niña morena y ágil
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva
como el trigal y el sol, la amapola y el agua. ( Pablo Neruda ) |
|  |  # 135: A la gloria del amor
Alto el amor, surgía en mis desvelos
semejante a una cúpula de oro,
desde la cual ante el divino azoro,
dilatábanse al par mares y cielos.
Suprema luz. Apasionados vuelos.
Iris de gloria. Resonante coro
y estío que volcaba su tesoro
de ilesa mies sobre dorados suelos.
Poma en sabor de sus perfectas mieles.
Vida feraz, y en los minutos fieles,
activo corazón vuelto remanso.
Así la gloria del amor fue mía,
mientras sereno el aire diluía
como un polvo de oro, el tiempo manso. ( Germán Pardo García ) |
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