 |  # 141: ¡Adios!
Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!
Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!
¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!
¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!
¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
?de llagas infectas? ¡cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!
¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! ... ( Alfonsina Storni ) |
|  |  # 142: Amo amor
Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡le tendrás que escuchar!
Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de mar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!
Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!
Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!
Te echa venda de lino; tú la venda toleras.
Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir! ( Gabriela Mistral ) |
|  |  # 143: La esperanza
Yo te bendigo, flor consoladora,
virgen risueña que enajena el alma,
astro del hombre que en silencio llora
y ansioso busca su querida calma:
Yo te bendigo porque aquí en el suelo
eres mi gloria, mi placer, mi cielo.
Cuando en mis horas de dolor profundo
un manantial de llanto yo vertía,
y entorno no miraba de este mundo
más que miseria, corrupción, falsía,
alzaba a ti mis angustiosos ojos
y benigna calmabas mis enojos.
¡Oh, esperanza! Sin ti ¿qué fuera el hombre?
¿Qué el amor, la virtud, el heroísmo?
¿Qué del que sueña en su ilusión un hombre
y en vez de altura encontrará un abismo?
Sin ti la vida es un pesar eterno,
un engaño el placer, el mundo infierno.
La existencia no es más que una esperanza:
Sin esperar la vida se aborrece;
nada sin ella el corazón alcanza
y la ilusión del alma al fin perece.
Tu eres la dulce inspiración del mundo,
y eres del bardo el manantial fecundo. ( José María Alemán ) |
|  |  # 144: El presente
Tú, que no sé quien eres,
tú que lees estos versos míos
que tienen ya cien años,
oye:
No puedo ofrecerte una sola flor
de todo el tesoro de la primavera,
ni una sola luz
de estas nubes de oro.
Pero abre tus puertas y mira;
y coge entre las yerbas
de tu jardín,
el recuerdo oloroso de las flores
que ha cien años murieron.
¡Y ojalá puedas sentir
en la alegría de tu corazón,
la alegría viva
que esta mañana de abril te mandó,
a través de cien años,
cantando dichosa. ( Rabindranath Tagore ) |
|  |  # 145: A la gloria del amor
Alto el amor, surgía en mis desvelos
semejante a una cúpula de oro,
desde la cual ante el divino azoro,
dilatábanse al par mares y cielos.
Suprema luz. Apasionados vuelos.
Iris de gloria. Resonante coro
y estío que volcaba su tesoro
de ilesa mies sobre dorados suelos.
Poma en sabor de sus perfectas mieles.
Vida feraz, y en los minutos fieles,
activo corazón vuelto remanso.
Así la gloria del amor fue mía,
mientras sereno el aire diluía
como un polvo de oro, el tiempo manso. ( Germán Pardo García ) |
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