 |  # 181: Acuarela
Multicolor el burgo,
mustio gris en la arena
del parque, soñador y taumaturgo,
en la tarde serena.
Brisa de mayo su virtud salmodia
sobre del campo exúber,
la lírica del viento es la rapsodia
de música de Schubert.
Rosa en las lejanías,
en el granito zarco de las cumbres,
pincel de pesadumbres
traza policromías.
Ya apagaron las tardes melodías
de cansancio y de fuego,
la flámula concorde del sosiego
prendió sus fantasías
en la perla, en la rosa, en el berilo
del paisaje tranquilo.
Multicolor el burgo
mustio gris en la arena
del parque, soñador y taumaturgo,
en la tarde serena. ( Miguel Olthon Robledo ) |
|  |  # 182: Pórtico
Por las horas sin rumbo de mis veredas, fuiste
llegando con la tarde, quién sabe de qué aleros;
de cuándo fugitiva, de dónde infiel, viniste
con las alas abiertas a todos los senderos.
Por ser de paso, al mío, romántico, te diste
y al anidar tus prófugos arrimos volanteros,
era un amor de anónima, calladamente triste,
cediéndose en la opaca quietud de los oteros.
Salían a la tarde las vueltas del camino:
tal vez por ellas, muda de tus pies al poniente,
la vida era un enorme sosiego del destino.
Vida, inquietud, crepúsculo, sendero, dulcemente,
con músicas de otoño las hojas amarillas,
iban dejando el campo dormido en tus rodillas. ( Guillermo Esteva ) |
|  |  # 183: El loco
Me estaré cien años, me estaré mil años
cantándole a mi corazón;
arrullando en mis brazos fuertes
al niño de mi corazón.
Me estaré cien años, me estaré mil años
auque digan a mi alrededor:
"Mirad el hombre aquel...Ha enloquecido...
Se sueña el padre de su corazón".
"Feliz no fué...no fué valiente...
tampoco ha sido vencedor".
"Y, sin embargo, ¡ cómo ríe
mientras llora su corazón !..." ( Jaime Torres Bodet ) |
|  |  # 184: Tres Romances
Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de soñar...
La creímos de alborozo
flores sueltas del gozar.
La creímos de partida
barquito del buen soñar.
La creímos de retorno
con la carga de un cantar.
Era la hora de ambos:
pero no debió soñar...
Era la hora de ambos:
de hallar y de separar...
La creímos de alborozo
fue espina para clavar.
La creímos de partida
fue adioses para llorar.
La creímos de retorno
fue senda sin regresar.
Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de sonar...
Nos parecía la dicha
como si fuera un cristal.
Muro y no muro entre ambos,
viéndonos sin acercar,
se nos rompió, de repente,
quedamos sin separar.
Tu mano supo mi mano,
los labios largo besar.
Yo no quería caricias
lentos dardos de angustiar,
ni me quería por playa
que habíase de anegar.
Antes, que el muro existía,
podíamos acercar,
ahora que el muro no existe,
tuvimos que separar.
Rotos y finos cristales
nos hieren de soledad.
¿A quién pedirle piedades
óleo activo a este dolor?
Padre Nuestro de los Cielos,
costado roto de amor:
anudaste nuestras vidas
con la soga del dolor,
que es tan fuerte amarradora
como el goce del amor.
No te reprocho presencia
larga lanza de dolor,
ni te grito lejanías
para el eco de mi amor.
Me lo pusiste delante
no supe que era el dolor,
lo creí para mi dicha
transida por el amor.
Un encuentro y la partida
por senderos de dolor,
despedazados de ausencia,
hecho congoja el amor.
Hacia el mar su ruta sigue
a cuestas con su dolor,
hacia las altas montañas
esquiva voy con mi amor.
Padre Nuestro de los Cielos,
lacerado en el dolor:
milagro yo Te pidiera
no sé cuál para este amor. ( Marta Brunet ) |
|  |  # 185: Rima XLVI
Tu aliento es el aliento de las flores,
tu voz es de los cisnes la armonía;
es tu mirada el esplendor del día,
y el color de la rosa es tu color.
Tú prestas nueva vida y esperanza
a un corazón para el amor ya muerto:
tú creces de mi vida en el desierto
como crece en un páramo la flor. ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
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