 |  # 11: Busca en todas las cosas
Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana
escudriñante el ojo y aguzado el oído.
No seas como el necio que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.
Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje;
ya sabrás poco a poco decifrar su lenguaje...
¡oh, divino coloquio de las cosas y el alma!
Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secretos va contando la brisa?
Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
el acento lejano corresponde otro acento...
¿Sabes tú dónde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?
No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora;
es un alma que canta y es un alma que llora...
¡Y sabrá porqué llora y sabrá porqué canta!...
Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo sabrás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando escuches el alma colosal del paisaje
y lo halles lanzados por el árbol herido... ( Enrique González Martínez ) |
|  |  # 12: En un instante
Para ti
que en un instante
me enseñaste a estar viva,
sin necesidad
de conocer tu rostro
o pensar de que color
eran tus ojos.
Transformaste mis días
con tu alma de artista,
reflejando en tus obras
purezas concebidas.
Recobrar
en mi vida
la sonrisa perdida;
porque al mirarme en ellas
estoy viendo tu vida.
Y saber
que me engaño
sensaciones de niña
que en un intante apenas
me enseñaste a esta viva. ( María Cristina Faleroni ) |
|  |  # 13: Un poeta decía
Un poeta decía que, cuando él era joven,
florecía en sus versos como el rosal en rosas.
Cuando yo pienso en ella, me parece que dentro
de mí, charla una pura fuente que no se agota.
Como Dios da un perfume de templo a la azucena,
como en el rostro de las guindas coral pone,
devotamente yo quiero en ella poner
el color inefable de un aroma sin nombre. ( Francis Jammes ) |
|  |  # 14: Aparición
La luna se velaba. Serafines llorosos
con el arco en los dedos, adolorida el alma
pensaban en la calma
de las dormidas flores de tallos vaporosos.
Y heridas por sus manos las moribundas violas
rompían en sollozos de un albor invisible
que rozaban, rozaban el azul apacible
de las tibias corolas.
¡Era el día bendito de tu beso primero!
La febril fantasía que las almas consume,
por herirme, a sabiendas se embriagó del perfume
de tristeza que lanza
la cocecha de un sueño sobre el ser que lo alcanza.
Mientras miraba al suelo con mirar abtraído,
en la calle, en la tarde, te me has aparecido
como un hada riente,
como el hada risueña de mis tiempos mejores,
como el hada riente que de blanco fulgores
coronada la frente, pasaba ante mis ojos,
pasaba ante mis ojos turbados dulcemente,
dejando que sus manos regasen, mal cerradas,
nevados ramilletes de estrellas perfumadas. ( Stéphane Mallarmé ) |
|  |  # 15: Canción sin tiempo
Tú en la pureza de los círculos concéntricos
que crecen y se evaden
desde los secretos puntos de armonía.
Tú en el minuto que conmemora
la dulzura inefable del perfil
y la inocencia de las manos unidas
en un sólo pulso,
en un salto a otro espacio, en una sangre única.
Cielo de aguas de olvido.
Frescor perezoso de palmeras inexistentes.
Fuente recién abierta. Aguasangre
que a través de las mudas arterias de la tierra
viene del seno de una campesina,
nace en el corazón de una madre
que canta una canción de cuna
y brota en ese punto donde se rompe
la vena más débil y amorosa de la tierra.
Tú desde el cielo de la fuente
hecha para el vuelo de los más puros pensamientos,
hasta el rastro de música apagada
que deja el pie desnudo
en la arena de una playa nocturna, aún
no descubierta.
Las palabras nos separan
y nos demoran el amanecer de los besos.
La madrugada de los ojos en los ojos.
Por eso el dedo índice sobre mis labios
te construye el silencio,
esa atmófera donde alientas
y que te crea de nuevo,
deleitandose en cada forma
con la pasión de un escultor.
Por mi silencio existes.
no necesitas la realidad de la forma,
ni la piel, ni el relieve de las venas...
Prescindes ya del nombre.
Yo espero otro para nombrarte,
un nombre que convenga a tu ser nuevo.
El nombre que los ángeles pronuncian en voz baja
y aún no ha abierto su flor al borde de mi oído. ( Emilio Ballagas ) |
|
|  |
|
|  |