 |  # 196: Nocturno
Una noche,
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas.
una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
muda y pálida
com si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra
fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban
y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de tí misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida,
y el chillido
de las ranas
Sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
¡entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
era el frío de la nada…
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
y tu sombra esbelta y ágil,
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella… ¡Oh, las sombras enlazadas!
¡Oh, las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas! ( José Asunción Silva ) |
|  |  # 197: Negocios
Yo hice con Adela negocios diversos:
Por besar sus manos le daba mis versos;
cambié por un beso la flor de mi ojal.
Mas el mejor cambio fue una primavera,
en que por un rizo de su cabellera
le dí cuatro estrofas, si no cuento mal.
Pero una hora negra de una tarde de ingrata,
su señora madre sorprendió la trata
y al ver que le daba yo una octaba real
por vesar seis veces sus manos de plata,
que no pedía vender tan baratas,
clamó, y que una estrofa no es buen capital.
¿ Pero qué quería la buena señora,
tan entrometida e interrogadora ?
¿ Que si yo tenía bienes de fortuna,
inmuebles o muebles, rentas o dinero ?
¿ Bienes ? Si; dinero; pero mi banquero...
pero mi banquero se hallaba en la luna.
La vida es difícil. Oh, quien lo pensara que a aquella muchacha vendiesen tan cara
si está hecha de rosa, jazmín y ambar.
Poder y dinero nieguen alpoeta;
mas que le concedan la suave violeta
y el río y el viento y el bosque y el mar.
Es el soberano de las bellas cosas;
si también le niegan las bocas de rosas
mejor que se marche para otro lugar.
¿ Por qué un buen amigo no me da una escala,
¡ oh Adela!, o tu madre no te me regala
antes de que alguno te oueda comprar ? ( Rafael Arévalo Martínez ) |
|  |  # 198: Rima LXXIV
Las ropas desceñidas,
desnudas las espadas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.
Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada,
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca.
La vi como la imagen
que en un ensueño pasa,
como un rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.
Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma;
¡como atrae un abismo, aquel misterio
hacía si me arrastraba!
Mas, ¡ay!, que de los ángeles
parecían decirme las miradas:
¡El umbral de esta puerta
sólo Dios lo traspasa! ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 199: La flauta del pastor
Una flauta en la montaña .
Es la flauta del pastor ...
La luna los campos baña ...
¡ Vuelve el antiguo dolor !
Esa música que viene
un recuerdo a despertar .
¡ Cuan honda tristeza tiene !
¡Como hace a solas llorar !
Cogiendo en el huerto flores
una mañana la ví .
La misma canción de amores ,
cogiendo flores , le oí .
Tocando , en la noche en calma ,
su flauta sigue el pastor .
Llora el recuerdo en el alma ...
¡ Volvió el antiguo dolor ! ( Ismael Enrique Arciniegas ) |
|  |  # 200: Para la primavera
Guárdame esta canción hasta la primavera ,
no la digas a nadie sino cuando yo muera .
Esta canción transida de hielo sin orillas ,
que canta mansamente mi corazón de tierra .
Guárdame esta canción y cuando tú la digas ,
irás al verde campo una mañana nueva .
Irás donde la tierra es virgen sin heridas ,
donde el agua es más clara , donde es la luz más tierna .
Segarás con tus plantas el más dulce rocío
y mojarás tu boca en la fuente más fresca .
Y bajo el sol distante y el cielo azul de lino ,
en los vedes oídos de la limpia pradera ,
cantarás mi canción a los árboles altos ,
a las aves que llevan la espina de una ausencia ;
a las flores que tiemblan en su luz de corolas ,
a la brisa embriagada de indecibles colmenas ;
a las nubes que pasan con su carga de ensueños ,
y al agua que transita por su cauce de seda .
Y dirás mi canción porque estaré en el alma
de todas estas cosas hasta en las mismas piedras ;
con mis manos de agua y mis labios de brisa
te besaré de nuevo en un lecho de hierba ,
y quizás en las flores holladas por tus plantas
te escuchará en silencio mi corazón de tierra . ( Fernando Arbeláez ) |
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