 |  # 21: Rima XXVIII
Cuando entre la sombra oscura
perdida una voz murmura
turbando su triste calma,
si en el fondo de mi alma
la oigo dulce resonar,
dime: ¿es que el viento en sus giros
se queja, o que tus suspiros
me hablan de amor al pasar?
Cuando el sol en mi ventana
rojo brilla a la mañana
y mi amor tu sombra evoca,
si en mi boca de otra boca
sentir creo la impresión,
dime: ¿es que ciego deliro,
o que un beso en un suspiro
me envía tu corazón?
Y en el luminoso día
y en la alta noche sombría,
si en todo cuanto rodea
al alma que te desea
te creo sentir y ver,
dime: ¿es que toco y respiro
soñando, o que en un suspiro
me das tu aliento a beber? ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 22: Cuento
Una vieja soltera se moría
y sin cesar pedía
al confesor que estába cerca de ella
la palma y la corona de doncella;
y su afán era tanto
que era capaz de impacientar a un santo,
aunque no lo mostrase el padre cura,
hombre muy ponderable de dulzura.
Una de tantas veces, sin embargo,
que estába repitiendole el encargo
nuestra virgen anciana
por centésima vez en la mañana,
aburrido el pastor de aquella tema
a la vieja le dijo con gran flema:
"Mire, Tía Pascuala, que la cosa
es algo peligrosa,
pues si su doncellez no es verdadera,
y la van a enterrar de ésta manera
cubierta con insignias virginales,
el menor de sus males
será ir al infierno en cuerpo y alma
tan sólo por la culpa de la palma;
mírese bien en ello, madre mía,
y no le salga cara su porfía.'
"El Señor, le responde, me és testigo
que no reza conmigo
éso que usted acaba de decirme.
¡Si por algo no temo yo el morirme...!
Ello...en fin...es del todo...indiferente,
Pero...mejor será...porque la gente
no vea...vanidad en mi persona,
que me entierren sin palma ni corona'. ( José Batres Montufar ) |
|  |  # 23: Rima XIV
Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha obscura, orlada en el fuego,
que flota y ciega si se mira al sol.
Adondequiera que la vista fijo,
torno a ver tus pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti; que es tu mirada:
unos ojos, los tuyos, nada más.
De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir;
cuando duermo los siento que se ciernen
de par en par abiertos sobre mí.
Yo sé que hay fuegos faustos que en la noche
llevan al caminante a perecer:
yo me siento arrastrado por mis ojos
pero a donde me arrastran, no lo sé. ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 24: Rima XXXVII
Antes que tú me moriré: escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal.
Antes que tú me moriré: y mi espíritu,
en su empeño tenaz,
sentándose a las puertas de la muerte,
allí te esperará.
Con las horas los días, con los días
los años volarán,
y a aquella puerta llamarás al cabo...
¿Quién deja de llamar?
Entonces que tu culpa y tus despojos
la tierra guardará,
lavándote en las ondas de la muerte
como en otro Jordán.
Allí, donde el murmullo de la vida
temblando a morir va,
como la ola que a la playa viene
silenciosa a expirar.
Allí donde el sepulcro que se cierra
abre una eternidad...
¡ Todo lo que los dos hemos callado
lo tenemos que hablar ! ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 25: Negocios
Yo hice con Adela negocios diversos:
Por besar sus manos le daba mis versos;
cambié por un beso la flor de mi ojal.
Mas el mejor cambio fue una primavera,
en que por un rizo de su cabellera
le dí cuatro estrofas, si no cuento mal.
Pero una hora negra de una tarde de ingrata,
su señora madre sorprendió la trata
y al ver que le daba yo una octaba real
por vesar seis veces sus manos de plata,
que no pedía vender tan baratas,
clamó, y que una estrofa no es buen capital.
¿ Pero qué quería la buena señora,
tan entrometida e interrogadora ?
¿ Que si yo tenía bienes de fortuna,
inmuebles o muebles, rentas o dinero ?
¿ Bienes ? Si; dinero; pero mi banquero...
pero mi banquero se hallaba en la luna.
La vida es difícil. Oh, quien lo pensara que a aquella muchacha vendiesen tan cara
si está hecha de rosa, jazmín y ambar.
Poder y dinero nieguen alpoeta;
mas que le concedan la suave violeta
y el río y el viento y el bosque y el mar.
Es el soberano de las bellas cosas;
si también le niegan las bocas de rosas
mejor que se marche para otro lugar.
¿ Por qué un buen amigo no me da una escala,
¡ oh Adela!, o tu madre no te me regala
antes de que alguno te oueda comprar ? ( Rafael Arévalo Martínez ) |
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