 |  # 31: Rima XXVIII
Cuando entre la sombra oscura
perdida una voz murmura
turbando su triste calma,
si en el fondo de mi alma
la oigo dulce resonar,
dime: ¿es que el viento en sus giros
se queja, o que tus suspiros
me hablan de amor al pasar?
Cuando el sol en mi ventana
rojo brilla a la mañana
y mi amor tu sombra evoca,
si en mi boca de otra boca
sentir creo la impresión,
dime: ¿es que ciego deliro,
o que un beso en un suspiro
me envía tu corazón?
Y en el luminoso día
y en la alta noche sombría,
si en todo cuanto rodea
al alma que te desea
te creo sentir y ver,
dime: ¿es que toco y respiro
soñando, o que en un suspiro
me das tu aliento a beber? ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 32: Rima I
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en la sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa!
pudiera al oído, contártelo a solas. ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 33: Canción del viento y de mi vida
El viento barría las hojas,
el viento barría los frutos,
el viento barría las flores...
pero mi vida quedaba
cada vez más llena
de frutos, de flores, de hojas.
El viento barría las luces,
el viento barría las músicas,
y barría los aromas, de estrellas, de cantos...
El viento barría los sueños,
y barría las amistades,
y barría a las mujeres...
Pero mi vida quedaba
cada vez más lena
de afectos y de mujeres.
El viento barría los meses,
y barría tus sonrisas...
¡El viento lo barría todo!
Pero mi vida quedaba
cada vez más llena
de todo. ( Manuel Bandeira ) |
|  |  # 34: Rima XIV
Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha obscura, orlada en el fuego,
que flota y ciega si se mira al sol.
Adondequiera que la vista fijo,
torno a ver tus pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti; que es tu mirada:
unos ojos, los tuyos, nada más.
De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir;
cuando duermo los siento que se ciernen
de par en par abiertos sobre mí.
Yo sé que hay fuegos faustos que en la noche
llevan al caminante a perecer:
yo me siento arrastrado por mis ojos
pero a donde me arrastran, no lo sé. ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
|  |  # 35: Rima XIX
Cuando sobre el pecho inclinas
la melancólica frente,
una azucena tronchada
me pareces.
Porque al darte la pureza,
de que es símbolo celeste,
como a ella te hizo Dios
de oro y de nieve. ( Gustavo Adolfo Bécquer ) |
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